La insurrección millennial en Nicaragua

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Investigador Independiente
La revista digital Democracias es un espacio dedicado al análisis de los procesos políticos de la región latinoamericana. Presenta el mundo visto a través de los ojos del millennial, convirtiéndose en amplificador de las ideas disruptivas de esta generación. El principal objetivo es propiciar el debate público de las ideas, al contraste de argumentos, y la deconstrucción de los conceptos preestablecidos

Por: Juan Bosco Torres

Juan Bosco Torres Colomer es miembro de la Red Centroamerica y del Caribe para el Servicio Público. Licenciado en Diplomacia y Relaciones Internacionales, Activista de DDHH enfocado en juventudes y colaborador de organizaciones nacionales y regionales.

Juan Bosco Torres | Nicaragua | RedCA

Nicaragua no ha sido el único país de Latinoamérica donde se ha cuestionado la caída de la participación ciudadana, el alejamiento de las estructuras partidarias, y las tensiones sociopolíticas que han permeado en el arraigo de la practica corrupta y el secuestro de las instituciones públicas. En Nicaragua las juventudes se han venido empoderando cada vez más por medio de procesos formativos, intercambio de experiencias y construcción de redes que articulan y canalizan las intervenciones sociales.

La visibilidad de estás prácticas era nula desde antes de abril de 2018 periodo en que ocurrió la insurrección de las juventudes. Las razones de esta ausencia de visibilización y posicionamiento en la sociedad se debía a que las estructuras sociales estaban siendo infectadas por el partido de Gobierno, una estrategia sucia de la psicología política implementada.

Desde el pacto político entre el partido de Ortega y el partido de Arnoldo Alemán se destruyó el camino hacia la gobernabilidad democrática, mediante reformas electorales y de las principales instituciones políticas, el sistema político se inclinó hacia un presidencialismo extremista. Estos mecanismos políticos incluyendo el respaldo del Chavismo dio paso al ascenso de Ortega en el poder, desde sus inicios impuso mediante decreto presidencial 112 de 2007 una nueva forma de organización y control social con la creación de los Consejos de poder ciudadano (CPC) organización cuyo trasfondo era eminentemente ideológico partidario, estás fungieron de forma fáctica como únicas instituciones que podían ser parte de procesos de participación y consulta ciudadana.

A pesar de contar con leyes que amparan el rol del activismo juvenil, la mera aplicación y monitoreo de estás normativas resulta para Ortega un atropello a su plan de control sociopolítico para la consolidación del poder de tinte populista y socialista con matices mercantilistas.

Los millenials somos actores con poder catalizador que el Gobierno de Ortega considera una fuerte amenaza, ejemplo de ello se vislumbra con las reformas a la constitución del 2014 y otras leyes, se fueron perdiendo espacios de participación, se fueron perdiendo derechos, oportunidades, nuestra identidad como ciudadanos, se terminó cooptando el Estado de Derecho a nivel local y nacional.

La ruptura de los ejes tradicionales, se han estado dando desde abril de 2018, con el poder que han ejercido los jóvenes universitarios en las calles, ha logrado quitar el monopolio de las calles que acumulaba el gobierno, con la esterilización aislada y en escala de las protestas de su aparato represor desde 2008. Actualmente los universitarios marcan una nueva correlación de fuerzas, al lograr que el sector privado, sociedad civil y sector religioso lograran desligarse de la apatía, indiferencia, el silencio y el casamiento con el gobierno.

La insurrección de abril es un parteaguas sobre la participación de las juventudes en la política nicaragüense, las visiones de los jóvenes apáticos, desinteresados por la política, descomprometidos con lo público y encerrados en su individualidad no puede concebirse cuando estamos frente a un cambio de época, a una nueva forma de hacer y practicar la política, conscientes o inconscientes los jóvenes a través de canales no convencionales expresan su descontento y demandas; ahora más colectivos y asociaciones juveniles que participan, se comprometen y disputan lo público, este sistema que apenas se está cimentando contribuye a que Nicaragua logre posicionarse dentro de sistemas de gobernabilidad.

Autores que han manejado los temas de juventudes como Manuel Castells en su libro “Comunicación y poder” manifiesta la necesidad que tienen los jóvenes de amplificar los rasgos que caracterizan la relación del resto de la ciudadanía con la actividad política y los partidos. Para Castells no se trata de un desinterés por la política y los asuntos públicos, sino de un rechazo a unas prácticas y unos actores políticos ineficaces y alejados de sus intereses y de su capacidad de interlocución y la búsqueda de canales alternativos de participación política.

En Nicaragua se le suma el factor de un sistema político autoritario, un bucle histórico dentro de nuestra cultura política cuya catarsis es una generación globalizada, informada y con demandas de dinámicas sociales acorde a los tiempos contemporáneos. Las Juventudes insurrectas decidieron no esperar a que los políticos tradicionalistas moldearan su presente, el enjambre sísmico de abril es evidencia de que las nuevas generaciones nicaragüense podrán deconstruir y navegar por la reinvención de los tejidos sociales y políticos. Es momento que los nichos de poder social y político exterminen la caja negra del Estado en términos de políticas públicas y busquen su metamorfosis a los espacios de las juventudes para poder sobrevivir, no imponer lineamientos sino orientar y formalizar acciones para consolidar los procesos de gobernanza.

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